Elon Musk y el desafío de la libertad de expresión en Twitter

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“Necesitamos proteger la libertad de expresión para hacer funcionar nuestra democracia”, opinó Jameel Jaffer, director ejecutivo del Instituto Knight de la Primera Enmienda de la Universidad de Columbia. “Pero hay mucha distancia entre esa premisa y los tipos de decisiones que las compañías de redes sociales deben tomar todos los días”.

Casi ningún lugar en internet o en el mundo físico es una zona de libertad de expresión total. El desafío de la expresión en línea es el desafío de la expresión, punto, con preguntas que tienen pocas respuestas sencillas: ¿cuándo es mejor una mayor expresión y cuándo es peor? ¿Y quién lo decide?

En países con tribunales sólidos, grupos cívicos y medios informativos que hacen rendir cuentas a los políticos, puede resultar relativamente benigno que los líderes electos hablen mal de sus oponentes en línea. Sin embargo, en países como Birmania, Arabia Saudita y Somalia, los líderes gubernamentales han convertido a las redes sociales en un arma para someter a sus críticos a un acoso verbal despiadado, para difundir mentiras que se propagan en su mayoría sin ser verificadas o para incitar a la violencia étnica.

Si Twitter quiere dejar de moderar el discurso en su sitio, ¿las personas estarán menos dispuestas a pasar el tiempo en un lugar en el que pueden ser acosadas por quienes no están de acuerdo con ellas y ser bombardeadas por anuncios que intentan venderles criptomonedas, bolsos Gucci de imitación o pornografía?

La elección presidencial estadounidense de 2016 y el voto del brexit ese mismo año ofreció a los ejecutivos de Silicon Valley, funcionarios estadounidenses electos y al público un vistazo de lo que puede salir mal cuando las compañías de redes sociales deciden no ahondar en lo que la gente publica en sus sitios. Los propagandistas rusos amplificaron los puntos de vista de estadounidenses y británicos, en extremo divididos, lo que polarizó aún más al electorado.

Durante la presidencia de Donald Trump (en particular, en los primeros meses de la pandemia de coronavirus y tiempo después, conforme Trump y sus simpatizantes propagaron afirmaciones falsas sobre fraude en las elecciones de 2020), Twitter, Facebook y YouTube cambiaron su postura acerca del papel que desempeñaban en avivar la ira, las mentiras, las distorsiones y la división que dejaron exhaustas a algunas personas y a otras con una perspectiva cínica del mundo que les rodea.

Twitter y Facebook, presionados en ocasiones por sus empleados, dieron más pasos para remover o etiquetar las publicaciones que podrían violar sus reglas contra la información falsa y modificaron los sistemas informáticos para evitar que las mentiras virales se propagaran rápido y mucho. Facebook, Twitter y YouTube también eliminaron las cuentas de Trump en sus plataformas tras el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.



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